El femicidio de Valentina Alarcón: una tragedia que expone la vulnerabilidad de nuestras jóvenes
La muerte de Valentina Alarcón, una joven de 26 años de Puente Alto, nos confronta nuevamente con la realidad de la violencia de género que atraviesa todos los sectores de nuestra sociedad. Su historia, marcada por la vulnerabilidad y el abandono social, debe interpelarnos como comunidad.
Una búsqueda que reveló la crueldad
El 25 de octubre, cuando la familia de Valentina reportó su desaparición, comenzó una búsqueda que terminaría revelando la brutal realidad de un femicidio. Gracias al GPS de su celular, la Policía de Investigaciones logró rastrear sus últimos momentos hasta llegar a una vivienda en El Castillo, donde encontraron su cuerpo en condiciones que evidenciaban la saña del agresor.
Robinson González, conocido como "el Colombia" o "el Cebolla", de 33 años, fue identificado como el responsable de este crimen que conmocionó a la comunidad. Según la investigación, Valentina había llegado a la vivienda del imputado para una transacción que ya había realizado anteriormente.
Un crimen que expone nuestras fallas sociales
La fiscal Pamela Bustamante fue clara al señalar que este caso debe analizarse "con perspectiva de género", porque el agresor "abusó de la vulnerabilidad de una joven de 26 años que lamentablemente era drogadicta, pero no tenía por qué matarla, menos violarla".
Esta reflexión nos obliga a preguntarnos: ¿dónde estaba la red de protección social para Valentina? ¿Cómo una joven en situación de vulnerabilidad quedó expuesta a semejante violencia sin que hubiera mecanismos efectivos de acompañamiento?
La importancia de la justicia con enfoque de derechos
González fue formalizado por los delitos de robo con homicidio y femicidio con violación, enfrentando una posible condena a presidio perpetuo. El trabajo investigativo, que incluyó la colaboración de testigos y el uso de tecnología de georreferenciación, muestra cómo la justicia puede funcionar cuando se aplican los protocolos adecuados.
La fiscal destacó que "desde el día uno nunca descartamos ninguna hipótesis de la investigación", evidenciando la importancia de un enfoque integral que no criminalice a las víctimas por su condición social.
Un llamado a la reconstrucción del tejido social
El caso de Valentina nos interpela como sociedad. No podemos seguir permitiendo que la vulnerabilidad social se convierta en una sentencia de muerte para nuestras jóvenes. Necesitamos políticas públicas que protejan efectivamente a quienes están en situación de riesgo, programas de acompañamiento integral y una justicia que comprenda las dinámicas de género y clase que atraviesan estos crímenes.
La memoria de Valentina debe motivarnos a construir una sociedad más justa, donde ninguna mujer quede abandonada a su suerte, donde la vulnerabilidad encuentre protección y no violencia, donde el tejido social se fortalezca para cuidar a quienes más lo necesitan.