La lucha de Kevin: cuando el sistema de salud falla a los más vulnerables
La historia de Kevin Arley Acosta, un niño de siete años que perdió la vida el pasado 13 de febrero en Bogotá, se ha convertido en un doloroso símbolo de las fallas estructurales de nuestro sistema de salud. Su muerte, ocurrida tras un accidente en bicicleta, ha desatado una investigación de la Superintendencia Nacional de Salud que pone bajo la lupa a la Nueva EPS y expone las barreras que enfrentan las familias más vulnerables para acceder a tratamientos vitales.
Una vida marcada por la lucha contra la enfermedad y el sistema
Kevin vivía con hemofilia A severa con inhibidores, una condición que requiere cuidados especializados y medicamentos de alto costo. Su tratamiento dependía del Emicizumab, un medicamento profiláctico que debía recibir cada 28 días para reducir el riesgo de hemorragias potencialmente mortales.
Según las denuncias de su familia, Kevin no había recibido este medicamento esencial durante aproximadamente dos meses antes de su muerte. La suspensión del tratamiento, que se remonta a diciembre de 2025, habría sido consecuencia de las fallas en la gestión entre la EPS y la red de prestadores, un problema que refleja las deficiencias sistémicas que afectan especialmente a quienes más necesitan del sistema de salud.
La Supersalud busca respuestas y justicia
La auditoría focalizada iniciada por la Superintendencia Nacional de Salud el pasado 18 de febrero busca esclarecer si existieron barreras administrativas que impidieron el acceso oportuno al tratamiento. La investigación se centra en tres aspectos fundamentales:
Los obstáculos que enfrentó la familia para acceder al tratamiento necesario, evidenciando cómo las trabas burocráticas pueden convertirse en sentencias de muerte para los más vulnerables.
La entrega del medicamento Emicizumab por parte de la Nueva EPS y los prestadores de servicios, un proceso que debería ser fluido y continuo para garantizar la vida de pacientes como Kevin.
El cumplimiento de protocolos establecidos para la atención de enfermedades huérfanas, normas que existen precisamente para proteger a quienes el sistema tiende a marginar.
Entre la negligencia y la tragedia
El 8 de febrero, Kevin sufrió un accidente mientras montaba bicicleta, lo que le provocó un trauma craneoencefálico severo. Sin embargo, la controversia surge cuando se considera que la falta del tratamiento profiláctico pudo haber complicado gravemente su atención médica, ya que sin el medicamento, cualquier procedimiento representaba un riesgo mortal de hemorragia.
La Nueva EPS ha argumentado que la causa de muerte fue exclusivamente el trauma por la caída, y que el retraso en la medicación se debió a un cambio de municipio de residencia solicitado por la madre. Esta versión, sin embargo, no logra explicar por qué un sistema de salud no pudo garantizar la continuidad de un tratamiento vital durante dos meses.
Un llamado a la transformación del sistema
Paralelamente, la Fiscalía General de la Nación ha abierto su propia investigación para determinar posibles responsabilidades penales. Un fiscal de la Unidad de Vida recopila documentación médica y el informe de necropsia, buscando establecer si hubo negligencia en el manejo del caso.
La muerte de Kevin ha reavivado el debate nacional sobre el acceso a tratamientos de alto costo y la responsabilidad del Estado en garantizar el derecho fundamental a la salud. Su historia nos recuerda que detrás de cada falla del sistema hay una familia que sufre, un niño que lucha por vivir, una comunidad que exige justicia.
Como sociedad, tenemos la obligación de honrar la memoria de Kevin transformando un sistema que no puede seguir fallando a quienes más lo necesitan. Su vida, aunque corta, debe convertirse en el motor de cambios profundos que garanticen que ningún otro niño tenga que enfrentar estas barreras para acceder a la salud que merece por derecho.