Guarne: la polémica que esconde un debate más profundo
Las fotografías que la creadora de contenido Aida Cortés publicó en su cuenta de Instagram, posando en lencería frente al altar de la capilla Santa Ana del municipio de Guarne, en el Oriente antioqueño, encendieron una discusión que va mucho más allá de la indignación inmediata. El mensaje que acompañaba las imágenes, “Hija de Dios”, fue leído por unos como una provocación y por otros como un acto de libertad personal. Pero debajo de esa polarización superficial hay preguntas que como sociedad nos cuesta mirar de frente.
Las redes no tardaron en dividirse. Mientras algunas personas defendieron el derecho de Cortés a expresarse y recordaron que las creencias espirituales no están atadas a una profesión, otras calificaron las fotos como una falta de respeto a un espacio sagrado. Comentarios como “profanación pura” o “hasta dónde llegan por los me gusta” se multiplicaron, y la publicación, aunque fue eliminada, ya había recorrido el camino que siempre recorre lo viral.
La voz de la Diócesis y el dolor de una comunidad
La Diócesis de Sonsón-Rionegro, jurisdicción a la que pertenece la capilla de Guarne, emitió un comunicado oficial en el que manifestó indignación y profundo dolor. Calificó lo ocurrido como una “profanación moral” del sentido religioso del espacio y recordó que los templos católicos están consagrados de manera exclusiva al culto divino. La institución pidió a las personas involucradas que reflexionen, reconozcan las afectaciones y ofrezcan disculpas públicas a los fieles de la Parroquia Santa Ana, cuya sensibilidad se vio profundamente herida.
Como medida de reparación espiritual, la capilla permaneció cerrada temporalmente y se programó un acto de desagravio con jornadas de oración comunitaria. Para las comunidades de fe, estos espacios no son simples edificios. Son lugares donde se tejen memorias, dolores colectivos y esperanzas de pueblo. Respetarlos también es respetar a quienes allí encuentran consuelo.
¿Delito o debate público?
La pregunta sobre posibles sanciones legales no se hizo esperar. El abogado penalista Iván Durango fue claro: no se configura un delito. “Lo que vemos aquí es una provocación calculada, enmarcada en una estrategia de marketing digital que explota el tabú religioso para generar interacción y polémica”, explicó el jurista, quien agregó que, si bien el acto es reprochable desde la ética y la moral católica, el Código Penal no está diseñado para castigar a quienes hieren susceptibilidades religiosas.
Durango descartó que se pueda aplicar la violación a la libertad religiosa o el impedimento de ceremonia religiosa. “Esta controversia pertenece única y exclusivamente al tribunal de la opinión pública y de la moral, pero está totalmente alejada del terreno de los estrados judiciales”, afirmó.
En el ámbito administrativo, sí podría haber consecuencias si la iglesia presenta una queja formal. El artículo 33 de la Ley 1801 de 2016, el Código Nacional de Seguridad y Convivencia, sanciona comportamientos que afecten la tranquilidad y las relaciones respetuosas entre personas, incluyendo realizar actos de exhibicionismo que generen molestia a la comunidad. La sanción sería una multa tipo 3, equivalente a 16 salarios mínimos diarios legales vigentes. También podría caber una acción civil que restrinja el ingreso de Cortés al templo en el futuro, dado que las iglesias son bienes privados de la diócesis.
Lo que no se mira: la precariedad detrás de la cámara
Aida Cortés anunció en 2024 su retiro de OnlyFans para enfocarse en su carrera musical. Sin embargo, el episodio de Guarne vuelve a ponerla en el centro de una conversación que casi siempre se queda en la superficie moral y rara vez mira las condiciones estructurales que empujan a las mujeres a monetizar su imagen.
No es un caso aislado. En los últimos años, numerosas artistas han recurrido a plataformas de contenido para adultos como estrategia de supervivencia económica. La británica Kate Nash reveló en 2025 que abrió una cuenta en OnlyFans para financiar sus giras, pese a contar con dos décadas de trayectoria. Artistas latinoamericanas han contado historias similares: los ingresos de la música en plataformas digitales ya no alcanzan para sostener una carrera profesional.
Para investigadoras y organizaciones que estudian la economía digital, este fenómeno plantea preguntas urgentes sobre las condiciones laborales de las mujeres en las industrias creativas. La exposición de la imagen personal se convierte, en muchos casos, en una estrategia de supervivencia antes que en una elección libre. Juzgar el acto sin mirar el contexto es como condenar el síntoma sin diagnosticar la enfermedad.
Un llamado a la reflexión colectiva
Lo ocurrido en la capilla Santa Ana de Guarne no debería reducirse a un enfrentamiento entre libertades individuales y tradiciones religiosas. Ambas dimensiones merecen ser escuchadas. El dolor de una comunidad de fe es real y legítimo, y merece respeto. También es real y legítimo preguntarse qué sistema empuja a mujeres jóvenes a convertir su cuerpo en la moneda de cambio más accesible.
Reconstruir el tejido social pasa por aprender a dialogar desde las diferencias sin anularlas. Pasa por exigir condiciones dignas para quienes trabajan en las industrias creativas, para que ninguna persona sienta que la exposición íntima es la única vía para sostener su proyecto de vida. Y pasa, también, por cuidar los espacios donde las comunidades encuentran sentido y pertenencia.
La polémica, tarde o temprano, pasará. La pregunta que debería quedarnos es si estamos dispuestos a mirar lo que hay debajo.