Una cátedra abierta revela cómo los sonidos populares construyeron la identidad paisa
Medellín tiene una historia musical que va mucho más allá del reguetón. Desde los años 40, cuando la ciudad se convirtió en epicentro del circuito musical colombiano, los sonidos populares han sido testigos y protagonistas de las transformaciones sociales de una comunidad que ha resistido, celebrado y construido identidad a través de la música.
La cátedra "Medellín y la Música, Historia(s) de la(s) música(s) popular(es) en Medellín", que se realiza todos los miércoles en la Biblioteca Pública Piloto hasta el 27 de mayo, es una invitación a reconocernos en esos sonidos que han marcado nuestra historia social.
Más allá del discurso oficial
"La idea es considerar una parte de la historia de la ciudad que no necesariamente tiene que ver con el discurso canónico sobre el desarrollo urbano, sino explorar en los intersticios para entender ciertas características de nuestra idiosincrasia", explica Juan Diego Parra, docente investigador del ITM y coordinador de la cátedra.
Este enfoque alternativo permite descubrir cómo la música popular ha sido vehículo de expresión de las comunidades, especialmente de aquellas voces que no siempre encuentran espacio en los relatos oficiales del progreso urbano.
Un recorrido por la resistencia sonora
El programa abarca desde los años 40 hasta la actualidad, incluyendo géneros que han sido fundamentales en la construcción del tejido social paisa: el tango que consoló en los barrios obreros, la salsa que unió comunidades, el rock que expresó rebeldía juvenil, el punk que gritó inconformidad, y el rap que denunció desigualdades.
"Antes de la década del 2000, cuando emergió el proceso hegemónico del reguetón, la ciudad había logrado concretizar formas sonoras que dieron cuenta de los procesos sociales", señala el comunicado de la Universidad Nacional, el ITM y la Biblioteca Pública Piloto.
Voces que construyen memoria
Entre los ponentes se encuentran figuras emblemáticas como Fruko, Vicky Trujillo, Gilmer Mesa y Román González, quienes no solo han sido testigos, sino constructores activos de la identidad musical medellinense.
La cátedra, con entrada libre y abierta al público, representa un espacio democrático donde la memoria colectiva se reconstruye desde abajo, desde las experiencias comunitarias que han dado forma a nuestra manera de ser y de sonar.
"La música puede contar una historia alternativa de esa otra historia canónica que habla de los grandes hitos y los grandes personajes", concluye Juan Diego Parra, recordándonos que en cada ritmo, en cada canción, vive la resistencia y la creatividad de un pueblo que nunca ha dejado de soñar.