El Valle de Aburrá se pregunta hasta dónde puede crecer sin agotar sus recursos
El Valle de Aburrá quiere seguir llenando hoteles, escenarios y calles con visitantes, grandes eventos, inversión y talento. Pero mientras el territorio metropolitano se prepara para recibir a un mayor número de personas, hay una pregunta que empieza a ganar peso: ¿hasta dónde puede crecer sin poner bajo presión el agua, el aire, la energía y los sistemas que sostienen su vida cotidiana?
Alejandro Vásquez, subdirector Ambiental del Área Metropolitana del Valle de Aburrá (AMVA), llevó esa discusión al panel 'Medellín global: una ciudad que atrae al mundo', durante el evento SEMANA por Colombia Medellín y Antioquia. Su planteamiento no es ponerle freno al crecimiento, sino entender qué tan lejos puede llegar y tomar decisiones antes de que sus efectos sean difíciles de corregir.
¿Qué significa la capacidad de carga para el territorio?
Para Vásquez, hablar de la 'capacidad de carga' del Valle de Aburrá no significa establecer un número máximo de turistas, eventos o inversiones, sino conocer qué está pasando con los recursos que hacen posible esa actividad. El AMVA monitorea de manera permanente la calidad del aire y, a través de SIATA, hace seguimiento a distintas variables ambientales, entre ellas el recurso hídrico. Esta red de monitoreo también permite conocer la disponibilidad de agua y detectar cambios relevantes.
'Más que definir esa capacidad de carga, lo importante es contar con información para tomar decisiones asertivas', explicó.
Esa información está dejando de ser solo de calidad del aire y del agua. En el marco del Plan Metropolitano de Economía Circular, el AMVA construye un balance físico del territorio metropolitano: cuánto material entra, cuánto se queda incorporado en lo que ya está construido o en uso, y cuánto sale como residuo. Esto se hace para los sectores priorizados: alimentos, transporte, textil, salud, educación, construcción, comercio y turismo, en recursos tan importantes como el agua y la energía.
Comercio y turismo ocupan ahí un lugar particular. El estudio no les asigna un balance de flujo propio, y explica por qué: sus insumos (alimentos, bebidas, agua, energía, empaques, textiles y combustible, entre otros, para el desplazamiento de los visitantes) ya se contabilizan en los sectores donde se producen, y volver a contarlos duplicaría el mismo material. Lo que hace, en cambio, es leerlos como lo que son dentro del metabolismo urbano: nodos donde el consumo se concentra. El turismo no fabrica; intensifica.
La necesidad de anticiparse se vuelve más evidente cuando el calendario de la ciudad se llena de conciertos, ferias, competencias deportivas y encuentros empresariales. Cada uno trae miles de personas, pero también más desplazamientos, consumo y una mayor generación de residuos.
¿Cómo pueden ser más sostenibles los eventos masivos?
Vásquez aseguró que la conversación sobre la capacidad del territorio conduce a una herramienta que puede parecer alejada del turismo, pero que tiene mucho que ver con su futuro: la economía circular. En febrero de 2025, la Junta Metropolitana declaró la economía circular como Hecho Metropolitano mediante el Acuerdo 01 de 2025 y articuló a los diez municipios del Valle de Aburrá alrededor de una ruta de largo plazo.
Para el subdirector ambiental se trata de una forma de evitar que el crecimiento económico se traduzca automáticamente en un mayor consumo de recursos y en más desperdicios.
'La economía circular no es solamente residuos, también significa utilizar mejor el agua, la energía y los materiales', precisó.
En un evento de ciudad o de gran cobertura, esa lógica debería comenzar incluso antes de que se abran las puertas. Desde el diseño se puede decidir cómo llegarán los asistentes, qué materiales y productos se comprarán, cuáles podrán reutilizarse, cuánto material se utilizará, cómo se gestionará el agua y la energía, cómo se separarán los residuos y qué ocurrirá con aquello que todavía pueda ser aprovechado.
'Se debe pensar con anticipación cómo generar menos residuos y reincorporarlos al sistema productivo, ahí está la clave'.
Tomar decisiones sencillas desde cada persona, como pedir a los asistentes que lleven su propio termo a un evento o ligar turístico, puede evitar desechos. Y una adecuada gestión de los materiales permite ir más allá de la separación en la fuente: primero se busca prevenir su consumo innecesario, luego reutilizar aquello que pueda tener una segunda vida y finalmente, aprovechar los materiales que ya no pueden seguir utilizándose, permitiendo que regresen a una cadena productiva en lugar de terminar convertidos en residuos.
¿Qué patrones de consumo se detectan en el sector turístico?
El diagnóstico del sector es explícito sobre el patrón que encuentra: predominantemente lineal, con alta dependencia de insumos que vienen de fuera, baja recirculación de materiales y escasa valorización de lo que sale.
Los flujos que identifica como críticos le resultarán familiares a cualquiera que haya montado un evento: envases y empaques de alta rotación, residuos orgánicos asociados a la gastronomía, hoteles y eventos, plásticos de un solo uso, materiales aprovechables que se pierden porque nadie los separó a tiempo, y el consumo de agua y energía en establecimientos que operan a alta intensidad.
Hay además una razón estructural por la que las soluciones individuales rinden poco. El sector está muy fragmentado: comercio minorista, restaurantes independientes, hoteles de distintas categorías, operadores turísticos, actividades de entretenimiento. Con niveles muy distintos de formalización y capacidad técnica, lo que hace difícil montar logística inversa, compras conjuntas o rutas de aprovechamiento establecimiento por establecimiento. Por eso el diagnóstico apunta a intervenciones territoriales: distritos comerciales que compartan la gestión de residuos, acuerdos por zona, rutas colectivas.
'La propuesta es incorporar la gestión ambiental desde la planeación, el diseño y la autorización de los eventos, con separación en la fuente, puntos de acopio acordes con el aforo y proveedores que utilicen insumos o elementos con criterios de sostenibilidad', subrayó Vásquez.
¿Cómo atraer inversión sin aumentar el riesgo ambiental?
Si el Valle de Aburrá quiere atraer más empresas y proyectos internacionales, el componente ambiental no puede reducirse a cumplir una norma. El objetivo, planteó Vásquez, debe ser 'gestionar mejor el riesgo ambiental'.
Hay señales de que esa transición ya comenzó. Desde el AMVA, el acompañamiento técnico a las empresas del territorio se ha concentrado en los frentes donde ese riesgo se gestiona con datos: eficiencia energética y energías alternativas, huella de carbono corporativa y su reporte en el sistema de Monitoreo, Reporte y Verificación, gestión del recurso hídrico, economía circular y cumplimiento normativo. En lo corrido de la actual administración la entidad ha acompañado a cerca de 290 empresas del territorio mediante más de 520 acompañamientos técnicos.
El desafío, señaló Vásquez, es que ese tipo de decisiones dejen de ser casos puntuales y empiecen a convertirse en criterios habituales para las nuevas inversiones que llegan al territorio. Entre las alternativas sobresalen exigir a proyectos de determinado tamaño reportes de huella hídrica y energética; favorecer proyectos tipo brownfield, que aprovechen infraestructura existente en lugar de ampliar la huella construida, e integrar a las nuevas empresas a los sistemas de reciclaje y compostaje del territorio metropolitano.
El AMVA intenta llevar esa transición a iniciativas concretas que impulsa en el territorio: EnCicla y el PIGECA, la Plaza de Mercado Circular de Copacabana, orientada al aprovechamiento de materiales y residuos; el punto de residuos orgánicos del sur y el Punto Limpio para residuos de construcción y demolición. También cuenta con la Gran Alianza por la Economía Circular y la articulación con Ruta N para conectar innovación y transformación empresarial.
La construcción es otro de los sectores llamados a cambiar la manera de utilizar los recursos y a incorporar la circularidad desde el diseño de los proyectos. En Expocamacol, el Área Metropolitana participará en la graduación de 27 personas de 18 empresas que culminaron el Curso Economía Circular y Materiales, desarrollado junto con el Consejo Colombiano de Construcción Sostenible y Camacol Antioquia.
Para Vásquez, el verdadero alcance del Hecho Metropolitano dependerá de lo que hagan los distintos sectores en los próximos años. El plan tiene horizonte a 2040 y busca orientar las decisiones del territorio.
'Si todos orientamos acciones hacia la economía circular, garantizamos sostenibilidad ambiental y sostenibilidad financiera en el territorio', sostuvo.
¿Crecer o proteger el ambiente? La decisión que enfrenta el Valle de Aburrá
La discusión, en últimas, no consiste en escoger entre crecimiento y protección ambiental. El desafío es saber cuánto puede soportar el territorio y actuar antes de llegar al límite. Cada concierto, feria, hotel, empresa o proyecto se suma a un territorio metropolitano que ya tiene unas condiciones físicas determinadas. El agua no es infinita, el aire tiene límites y cada nueva actividad deja una huella.
La pregunta que queda abierta para la comunidad es cómo participar en esa construcción colectiva. Los espacios de diálogo, las veedurías ciudadanas y el consumo responsable son caminos para que la ciudadanía se sume a esta transición. El Valle de Aburrá tiene la oportunidad de demostrar que el desarrollo y el cuidado de la vida pueden caminar juntos.