Temblores en América Latina: ¿estamos ante un megaterremoto? La ciencia responde
En los últimos meses, tres fuertes terremotos han sacudido a América Latina y han sembrado la inquietud en miles de personas. Venezuela vivió un doblete sísmico, Colombia sintió un sismo el pasado 10 de agosto y Perú registró otro movimiento el 20 de agosto. Ante esta seguidilla, muchos se preguntan si estos eventos están conectados y si podrían anunciar un terremoto de mayor magnitud.
Hernando Tavera, jefe institucional del Instituto Geofísico del Perú, conversó con SEMANA y fue claro: aunque la sucesión de temblores es inusual, la ciencia no tiene elementos para afirmar que uno sea consecuencia de otro o que anticipen un evento mayor. “No podemos predecir, no podemos ver el futuro”, aseguró el experto, quien invitó a la calma y a la preparación.
¿Por qué tiembla tanto en la región?
La explicación está en la geografía. Colombia, Ecuador, Perú y Chile se ubican en una zona donde la placa de Nazca se desliza por debajo de la placa sudamericana. Ese proceso acumula energía que, al liberarse, genera terremotos. También existen fallas geológicas locales que suman actividad sísmica en distintos puntos del continente.
“Si somos un continente de terremotos, tenemos que aprender a convivir con todos estos procesos”, señaló Tavera, recordando que los movimientos de la Tierra hacen parte de la dinámica natural del planeta.
¿Los recientes sismos anuncian un megaterremoto?
El especialista fue enfático: no existe una secuencia que permita anticipar el próximo gran evento. Recordó que en 2010 Haití sufrió un terremoto devastador, luego Chile vivió un sismo de magnitud 8,8 y al año siguiente Japón enfrentó un terremoto de 9,0. Esa historia muestra que no hay un patrón predecible.
Para Tavera, tampoco es correcto descartar la posibilidad de un movimiento mayor. La ciencia aún no cuenta con herramientas para determinar con precisión cuándo, dónde o con qué magnitud ocurrirá el próximo sismo.
¿Qué podemos hacer frente a los terremotos?
El aprendizaje principal no está en intentar adivinar el futuro, sino en reducir el daño cuando llegue el momento. El experto destacó la importancia de analizar el suelo y la calidad de las edificaciones, pues algunos edificios colapsan mientras otros cercanos permanecen en pie.
“El siguiente paso es evaluar o conocer, investigar por qué se cayeron, colapsaron algunos edificios, por qué no otros, y encontrar realmente cuál es el motivo”, afirmó Tavera.
La invitación es clara: los terremotos no se pueden evitar, pero sí podemos trabajar para disminuir las pérdidas humanas y materiales. “Nosotros no podemos evitar la evolución de la naturaleza, pero lo que sí podemos evitar es el nivel de daño que nos deja”, concluyó.
En tiempos de incertidumbre, la preparación comunitaria y la inversión en infraestructura segura son caminos que nos unen y nos protegen. Porque el cuidado mutuo también es una forma de resiliencia.