Terremotos en Venezuela: la desigualdad que derrumba edificios
Venezuela enfrenta una tragedia devastadora tras dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5. El balance preliminar informa 1.450 personas fallecidas, más de 3.000 heridas y cerca de 50.000 desaparecidas, según cifras de la Asamblea Nacional y las Naciones Unidas. La caída de 189 edificios no responde solo a la fuerza de la naturaleza, sino a la vulnerabilidad de las construcciones y a la desigualdad histórica que deja expuestas a las comunidades más pobres.
¿Por qué los edificios no resistieron los sismos en Venezuela?
El dolor se siente en cada rincón, especialmente en La Guaira, a unos 40 kilómetros de Caracas, donde barrios enteros quedaron reducidos a escombros. La ciencia ofrece respuestas dolorosas pero necesarias para entender este colapso. El divulgador científico y director de los Museos Científicos de A Coruña, Marcos Pérez Maldonado, explica que la magnitud es un factor determinante. Aunque la diferencia entre ambos sismos parece pequeña, un terremoto de 7.5 libera aproximadamente el doble de energía que uno de 7.2, multiplicando su capacidad de destrucción.
La profundidad del sismo también jugó un papel crucial en esta tragedia. Al originarse cerca de la superficie, las ondas sísmicas golpearon con mayor fuerza las ciudades y poblaciones cercanas, aumentando el riesgo para las familias que habitaban estas estructuras.
¿Cómo la desigualdad territorial convierte un sismo en una tragedia?
La explicación científica choca de frente con nuestra realidad latinoamericana. Mientras países como Japón han desarrollado infraestructuras diseñadas para absorber la energía de los movimientos telúricos, en nuestra región la historia es diferente. Muchas edificaciones no cumplen con normas antisísmicas o fueron levantadas sin los estándares mínimos necesarios.
Muchos edificios colapsan porque no están preparados para absorber esa energía, señala Pérez Maldonado. Esta falta de preparación no es un accidente, es el reflejo de décadas de abandono estatal y de políticas que han privilegiado otros sectores por encima del derecho a una vivienda digna y segura para las clases populares.
¿El desastre es natural o socialmente construido?
Rosita Jünemann, directora de Cigiden R+ y académica de la Escuela de Ingeniería de la Universidad Católica de Chile, lo expresa con claridad contundente. El verdadero riesgo aparece cuando un terremoto impacta ciudades con alta densidad de población y edificaciones vulnerables. La capacidad de proteger a quienes habitan estos espacios depende de las decisiones que se toman mucho antes de que la tierra tiemble.
El terremoto es lo natural. Pero el desastre o la catástrofe se construye con el tiempo, a través de decisiones de planificación, construcción, preparación y gestión. Y es ahí donde tenemos la capacidad de reducir sus consecuencias.
Estas palabras resuenan con fuerza en medio del dolor. La catástrofe se teje en la falta de planificación, en la ausencia de control urbanístico y en la marginación de los sectores campesinos y populares. Reconstruir el tejido social en Venezuela exigirá mucho más que levantar paredes. Necesitamos repensar el territorio con justicia social, inclusión y un compromiso real con la vida de nuestras comunidades.
¿Qué factores científicos influyen en el impacto de un terremoto?
El impacto de un sismo depende de su magnitud, su profundidad y la calidad de las construcciones. Una mayor magnitud libera más energía, mientras que una menor profundidad intensifica el golpe en la superficie. Sin embargo, el factor decisivo en la pérdida de vidas suele ser la vulnerabilidad de la infraestructura frente a las ondas sísmicas.
¿Por qué hay más derrumbes en América Latina?
En América Latina, los derrumbes son más frecuentes debido a que muchas edificaciones no cumplen con normas de construcción antisísmica. La desigualdad territorial y la falta de inversión en infraestructura segura para las comunidades más vulnerables convierten los fenómenos naturales en desastres humanitarios de gran magnitud.