Vías para la Paz: la carretera hacia la justicia social
Después de décadas de abandono institucional, los territorios que más han sufrido la violencia y la exclusión reciben una noticia que podría marcar un antes y un después. El Gobierno Nacional, a través del Instituto Nacional de Vías (Invías), adjudicó más de 4 billones de pesos para el programa Vías para la Paz, una apuesta que busca devolverle la palabra a comunidades que históricamente solo han conocido el olvido.
No se trata solo de asfalto y puentes. Se trata de reconocer que donde no hay camino, no hay Estado, no hay oportunidad y no hay justicia. Este programa llega a siete departamentos del país, precisamente aquellos donde la guerra dejó cicatrices más profundas y donde la paz firmada en La Habana sigue siendo una promesa por cumplir.
Cauca: tejer camino donde la guerra rompió el tejido social
El Cauca, territorio de comunidades indígenas y campesinas que han resistido con dignidad, será uno de los grandes beneficiados. Se reemplazará el puente Dos Ríos, en la vía Mojarras - Popayán, una obra que no solo conecta municipios, sino que conecta esperanzas.
Además, el corredor Argelia - El Plateado de la Vía al Mar recibirá una intervención especial. Es una zona estratégica y compleja, donde la geografía ha sido cómplice del aislamiento. También se adjudicó el mejoramiento de la Troncal de Occidente, tramo Munchique - El Tambo - Popayán, y del corredor vial Munchique - Huisito - Honduras.
Nariño: abrir surcos en el suroccidente
En Nariño, la inversión busca transformar realidades. Se mejorarán vías como Samaniego - La Llanada - Sotomayor, y se construirá la variante oriental de Chachagüi, que descongestionará el tránsito urbano y fortalecerá la conexión con el suroccidente y la frontera con Ecuador.
También se invertirá en la vía Pasto - Intercambiador Daza - La Mina - Chachagüí, con una segunda calzada y obras de sostenimiento social y ambiental. Este último componente es clave: no puede haber infraestructura sin respeto por la naturaleza y las comunidades que la habitan.
Norte de Santander: el Catatumbo merece justicia
La Transversal del Catatumbo, entre Tibú, El Tarra y Convención, recibirá fortalecimiento institucional para mejorar la movilidad. El Catatumbo ha sido uno de los territorios más golpeados por la violencia; sus comunidades campesinas han pagado un precio altísimo. Esta inversión es un acto de reparación, aunque todavía queda mucho camino por recorrer.
También se invertirá en el corredor La Lejía - Saravena, fundamental para la integración fronteriza del nororiente del país.
Córdoba y Sucre: ríos y llanos que piden paso
En Lorica, Córdoba, se construirá el nuevo puente de la Doctrina, reemplazando el actual de un solo carril. Una obra que no solo dinamizará la movilidad, sino que podría salvar vidas al mejorar la seguridad vial.
La vía Ayapel - San Marcos, que beneficia tanto a Sucre como a Córdoba, será recuperada. Son territorios donde la economía campesina necesita vías para poder existir.
Putumayo: la frontera que no puede ser el fin del mundo
En el sur, la construcción del puente sobre el río Putumayo entre Puerto Asís y Teteyé garantizará mayor seguridad para el transporte de carga y pasajeros. El Putumayo no puede seguir siendo un territorio donde la distancia se mide en horas de olvido.
Antioquia: el Urabá también cuenta
En Antioquia, se mejorará la vía entre Necoclí y Puerto Rey, con atención a emergencias y variantes. El Urabá, región de comunidades afrodescendientes que han luchado por su territorio, merece esta y muchas más inversiones.
Mirando hacia adelante: más que asfalto, dignidad
Invías también avanza en estudios y diseños para futuros proyectos. Destaca la conexión carretera entre Moñitos y Puerto Escondido, en Córdoba, y una segunda calzada del corredor Aeropuerto - El Estanquillo, en Nariño y Cauca.
Estos 4 billones de pesos son una señal alentadora. Son prueba de que cuando hay voluntad política, los territorios excluidos pueden ver la luz. Pero no basta con celebrar. Hay que exigir que estas obras se ejecuten con transparencia, que contraten mano de obra local, que respeten los territorios étnicos y que realmente contribuyan a la implementación de los Acuerdos de Paz.
Porque al final, Vías para la Paz no es solo un programa de infraestructura. Es una oportunidad para reconstruir el tejido social, para que las comunidades que más han dado en esta guerra sean las primeras en recibir. La paz se construye con vías, sí, pero también con justicia, con verdad y con la certeza de que el Estado no volverá a olvidar.