Cartagena invierte 87% de su presupuesto en la gente, pero la autonomía fiscal sigue siendo la deuda pendiente
Cartagena cerró 2025 con una noticia alentadora y un desafío profundo. El Distrito comprometió $5,2 billones de su presupuesto, y de esa cifra, un 87% se destinó a gasto de inversión social y de infraestructura. Sin embargo, detrás de ese número brillante se esconde una realidad que interpela a la ciudad: casi la mitad de esa inversión depende de los giros de la Nación, y los recursos propios apenas alcanzan para sostener el camino hacia una verdadera independencia financiera.
Así lo revela el análisis técnico del programa Cartagena Cómo Vamos, elaborado con base en las cifras oficiales del Consolidador de Hacienda e Información Pública (CHIP). El informe dibuja una radiografía fiscal que combina avances concretos con alertas que no se pueden ignorar, sobre todo en una ciudad que históricamente ha cargado con desigualdades profundas.
¿Cuánto crecieron los ingresos de Cartagena y de dónde provienen?
Durante 2025, el Distrito registró ingresos totales por $4,7 billones, lo que representa un crecimiento acumulado nominal del 122% desde 2019. Este repunte obedeció, en gran medida, al comportamiento dinámico del impuesto predial, que creció un 84% en el periodo, y del impuesto de industria y comercio (ICA), con un alza del 98%. Ambos tributos aportan, de manera conjunta, 66 de cada $100 que recauda la administración tributaria distrital.
Pero hay una sombra en este panorama. Por cada $100 que entraron al fisco local, solo $38,5 correspondieron a recursos propios. Los otros $46,7 provinieron de transferencias de la Nación, una participación que aumentó frente al 44,7% registrado en 2023. La dependencia del nivel central no solo persiste, sino que se profundiza.
La inversión por habitante lidera, pero el sello local se diluye
La inversión total por habitante escaló a $4.484.026, posicionando a la capital bolivarense a la cabeza entre las principales ciudades del país. Sin embargo, al desglosar el origen de esos fondos, se evidencia que el 48% de la inversión pública fue apalancada por giros de la Nación. Si se aíslan los recursos generados de forma directa por el municipio, la inversión real con sello propio cae a $1.138.908 por residente.
En otras palabras, Cartagena invierte mucho, pero buena parte de esa inversión llega con la firma del Gobierno nacional. La pregunta que queda flotando es qué pasa el día en que esos giros se reduzcan o se retrasen.
El gasto operativo crece y enciende las alarmas
El informe también pone el foco sobre los gastos de funcionamiento. El gasto corriente pasó de absorber el 28,9% de los Ingresos Corrientes de Libre Destinación (ICLD) en 2023 al 40,9% en 2025. Si bien el indicador continúa por debajo del techo del 50% fijado por la Ley 617 de 2000, su marcada trayectoria ascendente exige un monitoreo continuo para evitar presiones sobre la caja distrital.
Este es un punto sensible. Mientras más recursos se destinen a operar la maquinaria administrativa, menos margen queda para responder a las necesidades urgentes de los barrios populares y las comunidades vulnerables de la ciudad.
La deuda: un alivio temporal que puede convertirse en presión
En materia de endeudamiento, el servicio de la deuda representó un modesto 0,5% de los ingresos en 2025, el nivel más bajo entre las capitales analizadas. Pero Cartagena Cómo Vamos advierte que varios de los créditos contratados por la ciudad cuentan con periodos de gracia que expiran en 2027. A partir de ese año, comenzarán a sentirse los vencimientos de capital e intereses.
La conclusión del informe es clara: el fortalecimiento sostenido del recaudo local resultará clave para consolidar la independencia financiera del Distrito y garantizar la ejecución de proyectos de infraestructura y desarrollo social sin una dependencia excesiva del nivel central.
¿Cómo se compara Cartagena con otras capitales?
En recaudo tributario por habitante, Cartagena registró $1.563.093, una cifra intermedia que la sitúa por debajo de Barranquilla ($2.066.345) y Bogotá ($1.873.895), pero por encima de Medellín ($1.480.740) y Cali ($1.175.210).
Sin embargo, la capital bolivarense lideró ampliamente el indicador de inversión total por habitante al alcanzar $4.484.026, superando a las demás ciudades comparadas. La paradoja persiste: el liderazgo en inversión se sostiene, en gran parte, sobre hombros ajenos.
¿Qué significa esto para la Cartagena que viene?
El informe de Cartagena Cómo Vamos no es solo un ejercicio técnico. Es una invitación a pensar el futuro de la ciudad con honestidad. La inversión pública es alta y eso es motivo de celebración, pero la autonomía fiscal sigue siendo la asignatura pendiente.
Fortalecer el recaudo local, ampliar la base tributaria y hacer un uso más eficiente de los recursos propios no es un tema de tecnócratas. Es una condición para que Cartagena pueda decidir su propio rumbo, sin depender de los vaivenes del presupuesto nacional. Es, en el fondo, una cuestión de soberanía local y de justicia territorial.
La ciudad que lidera en inversión por habitante tiene la oportunidad histórica de convertirse también en líder en autonomía. Ese es el siguiente paso, y el camino comienza por reconocer que la dependencia no es un destino, sino una decisión que se puede revertir.