El ataque con drones que destruyó el pasado viernes un campamento del ELN en el estado venezolano de Apure, aparentemente con apoyo de Estados Unidos, dejó alrededor de 23 muertos, pero no alcanzó a ninguno de los mandos de alto valor de esa guerrilla, según el balance que emerge de las informaciones publicadas esta semana.
El campamento, situado en el sector Buenavista de El Meta, municipio Pedro Camejo, frente al departamento colombiano de Vichada, quedó reducido a escombros. Ni las autoridades venezolanas ni las colombianas han ofrecido una versión oficial del hecho, y ese silencio alimenta dudas sobre el verdadero propósito de una operación de semejante potencia de fuego.
Qué se sabe del ataque en Apure
Según lo reportado por PULZO, las informaciones sobre el bombardeo siguen siendo fragmentarias. Se presume que en el lugar se encontraba Luz Amanda Payares, alias Silvana Guerrero, cabecilla del Frente de Guerra Nororiental del ELN, pero con el paso de los días no se ha confirmado su muerte, lo que refuerza la idea de que la arremetida no cumplió su objetivo.
El diario El Nacional, citando redes sociales y publicaciones de otros periodistas, dio cuenta de documentos de identidad hallados en el lugar y de cuerpos trasladados a la morgue del barrio Luis Herrera, en San Fernando de Apure, custodiados por funcionarios fuertemente armados. Fuentes consultadas por ese medio señalaron que entre los fallecidos había dos venezolanos, dos colombianos y cuatro mexicanos, en su mayoría hombres menores de 40 años.
Entre las bajas no aparece ninguna figura significativa de la organización guerrillera. Esa ausencia hace ver desproporcionada una acción letal de esta escala, dirigida contra guerrilleros rasos, familiares y colaboradores.
¿Participó Estados Unidos?
La versión de que el bombardeo fue ejecutado con drones estadounidenses crece día a día. El New York Times informó que funcionarios confirmaron que Estados Unidos ayudó a Venezuela en el ataque, aunque representantes del ELN no respondieron a las solicitudes de comentarios del diario.
Por su parte, la revista Semana reveló que un alto mando militar venezolano confirmó que las Fuerzas Armadas de ese país ejecutaron la operación, aunque ese oficial dijo no haber sido informado personalmente sobre la participación estadounidense.
El contexto no puede ignorarse. Tras el 3 de enero, cuando Estados Unidos bombardeó Caracas y capturó al presidente Nicolás Maduro, según confirmó Donald Trump, el tablero respecto a la guerrilla cambió aceleradamente. El diario La Jornada recogió el análisis de un militar que atribuye el ataque a intereses mineros de Estados Unidos, y recordó que el propio Maduro participó como facilitador de los diálogos de paz del gobierno de Juan Manuel Santos con las FARC y del de Gustavo Petro con el ELN.
Una cúpula que no ha sido tocada
Ni en Colombia ni en Venezuela se ha logrado afectar a los objetivos estratégicos del ELN. Siguen intactos, entre otros, Eliécer Herlinto Chamorro Acosta, alias Antonio García, comandante en jefe; Israel Ramírez Pineda, alias Pablo Beltrán, jefe político; Aníbal Giraldo, alias Pablito, encargado de las operaciones armadas; Rafael Sierra, alias Ramiro Vargas, miembro del COCE para asuntos internacionales; y Jaime Galvis Rivera, alias Ariel, responsable de las finanzas.
El único golpe reciente de cierta importancia ocurrió en Colombia, el 22 de octubre, cuando la operación Onix en zona rural de El Tambo, Cauca, mató a 10 integrantes del frente José María Becerra, incluidos dos mandos medios conocidos como Marcos Pacífico y Ochenta o Murillo. También en Venezuela cayó, en las minas de oro del estado Bolívar, Héctor Guerrero Flores, alias Niño Guerrero, cabecilla del Tren de Aragua, en un bombardeo estadounidense.
Pero esos casos son la excepción. Investigadores citados por El Colombiano estiman que alrededor del 70 por ciento de los mandos estratégicos del ELN, incluidos el Comando Central y la Dirección Nacional, ha permanecido en territorio venezolano, lo que explica por qué un cambio de postura de Caracas puede tener efectos que trascienden el campamento bombardeado.
La memoria de los bombardeos y la lección de la paz
La historia reciente recuerda que los bombardeos debilitaron a las FARC: Alfonso Cano cayó en Morales, Cauca, en noviembre de 2011; Mono Jojoy murió en La Macarena un año antes; y Raúl Reyes fue abatido en Sucumbíos, Ecuador, en 2008. Cada uno de esos golpes alcanzó a un comandante de primer nivel.
El ataque del viernes en Apure no se parece a ninguno de ellos. Ordenado por un régimen que durante años acogió al ELN y a las disidencias de las FARC, solo parece haber afectado a combatientes de base y a civiles cercanos. No deja indicios de una afectación estratégica real.
Para las comunidades de la frontera, que durante décadas han padecido el peso de una guerra que otros deciden desde lejos, el mensaje es sombrío. La vía militar vuelve a imponerse como respuesta, mientras el diálogo de paz que el gobierno de Gustavo Petro intentó construir con el ELN queda en el aire. La experiencia colombiana demuestra que la paz negociada, no las bombas, fue lo que desmontó a la guerrilla más grande del continente.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos muertos dejó el bombardeo contra el ELN en Venezuela?
Según las informaciones disponibles, el ataque habría dejado 23 muertos y múltiples heridos, en su mayoría hombres jóvenes de menos de 40 años, entre ellos venezolanos, colombianos y mexicanos.
¿Quién ejecutó el ataque en Apure?
Un alto mando militar venezolano confirmó a Semana que las Fuerzas Armadas de su país ejecutaron la operación, mientras el New York Times reportó que Estados Unidos ayudó en el ataque, presuntamente con drones.
¿Fue afectada la cúpula del ELN?
No. Ni en Colombia ni en Venezuela han sido tocados los mandos de alto valor de la guerrilla, como Antonio García, Pablo Beltrán o Pablito, que siguen al frente de la organización.
