Vicios de la academia: la crisis del pensamiento crítico
La academia filosófica en Colombia y América Latina está secuestrada por la lógica mercantil, el autobombo y el dogmatismo. Para que la universidad pública recupere su sentido, debe abandonar la dictadura de las cifras y fomentar un pensamiento crítico que aporte a la justicia social y la reconstrucción del tejido social.
¿Por qué la comunidad filosófica está en crisis?
Se supone que la comunidad filosófica comparte una pasión por el saber y la discusión rigurosa. Sin embargo, en nuestro contexto latinoamericano, esta comunidad es casi inexistente. Lo que prima, como señaló el filósofo cubano Pablo Guadarrama González, es la SEMA: la Sociedad de Elogios Mutuos y Autobombo. Una dinámica donde la adulación sofoca la crítica y la reduce a un espectáculo de complicidad.
Este mimetismo y adulación fue analizado magistralmente por Fernando Guillén Martínez en su obra El poder político en Colombia (1979). Lamentablemente, esa misma lógica se ha trasladado a la práctica filosófica. Nadie lee rigurosamente el trabajo de los demás y el prejuicio se convierte en el arma principal para descartar obras distintas. Como bien advirtió Santiago Castro-Gómez, entre nosotros las polémicas suelen suscitar más adhesiones y rechazos personales que reflexiones profundas.
El vampirismo y la regurgitación en las aulas
En las aulas universitarias encontramos dos prácticas que marchitan el pensamiento: el vampirismo y la regurgitación. El vampirismo consiste en que un profesor dedique su vida entera a exprimir a un solo autor. Luego, en la regurgitación, ese mismo profesor vomita ese conocimiento a sus alumnos, reduciendo cualquier problema del mundo a la visión de su filósofo de cabecera.
Estos maestros se convierten en vomitadores profesionales que viven de un cadáver ilustre. Promueven la uniformidad del pensamiento y venden la idea de que para filosofar hay que adscribirse a un único autor. Como denunció Darío Botero Uribe, nada es más detestable que el espíritu de escuela que hace a los epígonos solidarios con los errores de su paradigma. Los estudiantes, al imitar este modelo, matan la sabia vital de la filosofía y mutilan su creatividad.
La dictadura del número y la mercantilización del saber
Desde la segunda guerra mundial, las humanidades han perdido terreno frente a las ciencias duras. Como alertó Herbert Marcuse, esta pérdida de espacio busca sofocar la rebelión y el pensamiento crítico. Hoy, la investigación filosófica ha caído bajo la dictadura de la cifra y la lógica burocrática de las instituciones que acreditan universidades.
Se ha impuesto una carrera desmedida por producir artículos, multiplicar revistas y llenar hojas de vida. La investigación se vuelve una estadística vacía, pues nadie lee, discute o socializa esos conocimientos. En este sinsentido, ganan las universidades con sus acreditaciones y ganan los profesores con sus puntos salariales, pero el conocimiento y la sociedad pierden. Esta lógica de la cantidad por la cantidad es una expresión más de la mercantilización de la educación pública.
¿Cómo reconstruir el tejido social desde la academia?
Afortunadamente, existen excepciones valiosas. Hay verdaderos filósofos y profesores que asumen su quehacer sin dogmatismos y de manera plural. También hay investigaciones muy valiosas, pero suelen estar al margen de estas nefastas dinámicas mercantilistas.
Para que la academia aporte a la reconstrucción del tejido social, debe romper con el autobombo y el prejuicio. Necesitamos una universidad que no le tema al diálogo genuino, que socialice el saber y que se conecte con los movimientos sociales, campesinos e indígenas. Solo así el pensamiento crítico podrá cumplir su rol transformador y ayudar a construir una sociedad más justa e igualitaria.
Preguntas frecuentes sobre la crisis de la filosofía académica
¿Qué es la SEMA en la academia filosófica?
La SEMA es la Sociedad de Elogios Mutuos y Autobombo, un término del filósofo Pablo Guadarrama para describir la práctica de enaltecer a los miembros de un mismo grupo en lugar de hacer crítica rigurosa.
¿Cómo afecta la burocracia a la investigación en humanidades?
La burocracia impone una lógica de cantidad donde lo importante es cumplir con el número de publicaciones exigidas, lo que vacía de sentido la investigación y evita que el conocimiento se discuta o socialice.
¿Por qué es importante recuperar el pensamiento crítico en la universidad?
El pensamiento crítico es fundamental para cuestionar las desigualdades y proponer transformaciones sociales. Sin él, la universidad se convierte en una máquina de reproducir saber vacío y desvinculado de las necesidades de las comunidades.