Mundial 2026: cuando el fútbol choca con muros invisibles
El fútbol siempre se ha vendido como la fiesta donde todos cabemos. El torneo que empieza este jueves en el estadio Azteca de Ciudad de México será visto por casi 6.000 millones de personas, según las estimaciones. Es decir, más del 70% de la población mundial pondrá sus ojos en la Copa del Mundo de Norteamérica. Desde Tierra del Fuego hasta Siberia, habrá un solo idioma durante los 39 días que dure el campeonato.
Pero antes de que la pelota ruede, ya hay heridas. Y no son heridas deportivas. Son las marcas que dejan las políticas migratorias de un país anfitrión que, en vez de abrir puertas, las cierra con cerrojo.
Un torneo que debería unir, pero que divide
La filósofa Martha Nussbaum lo escribió con claridad: en un mundo globalizado, los seres humanos somos ciudadanos del mundo, no de una nación en particular. Ese principio debería ser el espíritu de cualquier Copa del Mundo. Sin embargo, las disputas políticas entre Washington y varios países han torpedeado lo que, en teoría, debía ser una celebración de la humanidad.
El caso más visible es el de Irán. Desde 2017, cuando Donald Trump firmó la Proclamación Presidencial 9645, los ciudadanos iraníes tienen prohibido ingresar a Estados Unidos. El argumento fue la seguridad nacional. La realidad es otra: la exclusión convertida en ley.
Irán, que debía jugar todos sus partidos del Grupo G en territorio estadounidense, amenazó con no participar. Solo después de que Gianni Infantino, presidente de la FIFA, mediara directamente con Trump, la selección confirmó su asistencia. Pero el costo ha sido alto.
Tijuana como refugio, la frontera como cicatriz
La selección iraní tuvo que trasladar su campamento de concentración de Arizona a Tijuana, México. La ciudad fronteriza, conectada con San Diego por el cruce de San Ysidro, se convirtió en el único lugar donde los futbolistas podían prepararse con cierta dignidad. Cada día, 100.000 personas cruzan por ese punto. Es el cruce más transitado del mundo, y también uno de los más simbólicos de la desigualdad territorial que separa al norte del sur.
No solo los jugadores sufren las consecuencias. La Federación Iraní denunció que sus aficionados no han podido comprar boletas para los partidos, a pesar de que el estatuto de la FIFA garantiza el 8% de la boletería para los hinchas de cada selección. Las restricciones de visados hacen prácticamente imposible que ciudadanos iraníes que vivan fuera de Estados Unidos puedan asistir. Quienes sí podrían acompañar al equipo son las entre 500.000 y un millón de personas de origen iraní que viven en suelo estadounidense, según datos de Share America.
Siete horas de interrogatorio por jugar al fútbol
Armen Hussein tiene 30 años, es capitán de la selección de Iraq y juega en el Al-Karma de la liga de su país. Hace unos días, al llegar al aeropuerto de Chicago, las autoridades migratorias lo retuvieron durante siete horas. Siete horas de interrogatorio exhaustivo. Su único delito era querer jugar al fútbol.
No es un caso aislado. Equipos como Bélgica y Uzbekistán han sido sometidos a requisas exhaustivas por agentes de seguridad nacional. Las imágenes del entrenador italiano Fabio Cannavaro, técnico de Uzbekistán, dieron la vuelta al mundo. En ellas se ve cómo los futbolistas tuvieron que dejar sus maletas en el suelo para que un perro las oliera, y cómo se les exigió sacar todo lo que tenían en los bolsillos para poder ingresar al estadio. Cannavaro denunció que esas reglas solo se aplicaron con ellos.
El sueño truncado de un árbitro somalí
Omar Abdulkadir Artan nació en Somalia. Fue nombrado árbitro del año en 2025 por la Confederación Africana de Fútbol y la FIFA lo seleccionó como uno de los 52 jueces para el Mundial. Pero Somalia está en la lista de países cuyos ciudadanos tienen prohibido el ingreso a Estados Unidos.
Este martes, las autoridades migratorias lo declararon inadmisible en el Aeropuerto Internacional de Miami y lo deportaron hacia Turquía. Artan le contó al New York Times que tenía todos los papeles en regla. Que le truncaron el sueño de su vida.
La política de los muros
Desde que Trump inició su segundo mandato en 2025, la política migratoria de Estados Unidos se ha endurecido. Lo que vemos en el Mundial no es un accidente. Es la consecuencia lógica de una visión del mundo que entiende la seguridad como sinónimo de exclusión, y que confunde la soberanía con el derecho a humillar al diferente.
La lista de países afectados por la Proclamación 9645 incluye a Chad, Libia, Corea del Norte, Siria, Venezuela, Yemen y Somalia. En su mayoría, naciones del sur global. Pueblos que ya cargan con el peso de guerras, pobreza y desplazamiento. Pueblos a los que ahora también se les niega el derecho a celebrar.
El fútbol no es solo un juego. Es un espejo de lo que somos como sociedad. Y este Mundial, antes de empezar, ya nos está mostrando una verdad incómoda: hay personas que son bienvenidas solo si su pasaporte lo permite, y otras que no lo son, sin importar cuánto talento o cuántos sueños carguen en sus botas.
Desde El nuevo camino, creemos que la paz y la inclusión no son solo palabras para los discursos oficiales. Son prácticas cotidianas que se construyen desde el respeto al otro, desde el reconocimiento de que el mundo es de todos. Un Mundial que excluye no es una fiesta. Es una contradicción.