Luis Acosta: del rescate heroico al ministerio de la Igualdad
La historia de Luis Acosta es la historia de Colombia profunda. Es la historia de un pueblo indígena que no se rinde, que encuentra en la sabiduría ancestral la fuerza para enfrentar las adversidades más extremas. Hoy, este líder nasa llega al ministerio de la Igualdad tras protagonizar uno de los rescates más emotivos de los últimos años: el hallazgo de los niños Mucutuy en la selva del Guaviare.
Cuarenta días que marcaron una vida
En mayo de 2023, cuando los hermanos Mucutuy llevaban cuatro días perdidos tras el accidente aéreo en la selva del Guaviare, Luis Acosta no dudó en poner su experiencia al servicio de la búsqueda. Como coordinador nacional de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), organizó a la guardia indígena y se internó en la selva junto al entonces comandante Pedro Sánchez, hoy ministro de Defensa.
Pero Acosta no entró a la selva como un invasor. Entró como se debe entrar a territorio sagrado: pidiendo permiso. Con su bastón de mando en alto, caminó adelante de los guardias indígenas, antes que los soldados ajustaran sus equipos GPS. Era una alianza inédita entre sabiduría ancestral y tecnología militar, entre rituales tradicionales y operativos especializados.
Las raíces de un líder comunitario
La fortaleza de Luis Acosta se forjó en el dolor y la resistencia. Su padre, Moisés Acosta, fue uno de los fundadores del Consejo Regional Indígena del Cauca. En 1984, cuando Luis tenía apenas once años, vio partir a su padre hacia el Naya para recuperar tierras arrebatadas por la guerra. Nunca regresó. Las Farc lo desaparecieron.
La ausencia paterna no quebró el espíritu comunitario de la familia. Su madre, Ana Tulia Zapata, gobernadora indígena del resguardo Huellas, sostuvo el hogar con dignidad y enseñó a sus hijos que el estudio y el trabajo van de la mano con la lucha por los derechos del pueblo.
De maestro a guardián del territorio
Durante más de quince años, Acosta fue maestro y ayudó a construir las bases de la etnoeducación en los territorios indígenas. Pero la violencia creciente lo llevó a cambiar la tiza por el bastón de la Guardia Indígena, esa organización creada en 1971 como forma de protección sin armas.
En 2001 asumió la coordinación de la Guardia en el norte del Cauca. Tres años después enfrentó su primera gran prueba: cuando las Farc secuestraron al alcalde de Toribío, mil indígenas caminaron hasta San Vicente del Caguán para exigir su liberación. Quince días después lo lograron, demostrando que se puede ser un ejército sin fusiles.
La Operación Esperanza: cuando dos mundos se encuentran
El rescate de los niños Mucutuy se llamó Operación Esperanza, y fue exactamente eso: esperanza materializada en la alianza entre conocimiento ancestral y recursos del Estado. Más de 350 personas participaron en la búsqueda, organizadas por cuadrantes bajo la coordinación conjunta de Acosta y los militares.
Los soldados aportaron tecnología: GPS, teléfonos satelitales, mapas. Los indígenas aportaron el conocimiento del territorio y sus reglas invisibles. Cada jornada comenzaba con desayuno y preparación espiritual: chimú, yagé, mambe, ambil. Medicinas ancestrales para caminar, resistir, no perderse, no enfermarse.
En las noches, alrededor del fuego, indígenas y soldados compartían arroz, casabe, fariña, raciones militares, historias. Se curaban heridas con medicina tradicional y occidental. Se escuchaban. Era Colombia reconciliándose consigo misma.
Un nombramiento que trasciende lo simbólico
El nombramiento de Luis Acosta como ministro de la Igualdad no es solo un reconocimiento a su liderazgo. Es el reconocimiento a un pueblo que ha resistido siglos de exclusión y que hoy encuentra en el gobierno de Gustavo Petro un espacio para construir la Colombia Humana.
Desde su nuevo cargo, el más alto al que ha llegado un indígena en el país, Acosta tiene el desafío de fortalecer la alianza entre el movimiento indígena y el proyecto de transformación nacional. Su historia personal, marcada por la pérdida del padre, la fortaleza de la madre, la pedagogía y la organización comunitaria, lo convierte en el líder ideal para tejer puentes entre los territorios y el poder central.
Los cuarenta días en la selva del Guaviare condensaron toda una vida de servicio comunitario. Allí, donde encontraron a los niños Mucutuy con vida, se demostró que cuando la sabiduría ancestral se encuentra con la voluntad política, los milagros son posibles.
Hoy, desde el ministerio de la Igualdad, Luis Acosta tiene la oportunidad de llevar esa misma alianza a escala nacional. De convertir la Operación Esperanza en una política de Estado que reconozca y valore los saberes de los pueblos originarios como parte fundamental de la construcción de paz y justicia social en Colombia.