El dolor de un pueblo: la partida de Diógenes Quintero nos recuerda la fragilidad de quienes luchan por la paz
El miércoles 28 de enero, el cielo del Catatumbo se tiñó de luto. El vuelo NSE 8849 de Satena, que cubría la ruta Cúcuta-Ocaña, se convirtió en el escenario de una tragedia que arrebató 15 vidas, entre ellas la del representante a la Cámara Diógenes Quintero, un hombre que dedicó su existencia a construir puentes de esperanza en una región marcada por décadas de conflicto.
Una decisión que cambió el destino
La vida a veces se decide en los detalles más pequeños. Quintero, quien llegó al Congreso hace cuatro años por las curules de Paz, había organizado con su Unidad de Trabajo Legislativo una agenda de tres días en la región que representó hasta su último aliento. La decisión fue práctica: él y su asistente Natalia Cristina Acosta viajarían por aire, mientras el resto de su equipo, incluyendo a Cristian Correa del área de comunicaciones, se dirigirían por tierra junto al esquema de seguridad.
"Fue más práctico que Natalia estuviera con él en las reuniones de Cúcuta, mientras nosotros viajáramos por tierra para tener toda la logística lista", relató Correa, con la voz quebrada por el dolor de quien perdió no solo a un jefe, sino a un amigo y líder.
La espera que se volvió angustia
En el aeropuerto Aguas Claras de Ocaña, más cercano al Cesar que al municipio que sirve, el equipo de Quintero comenzó a vivir las horas más largas de sus vidas. La confusión inicial por la falta de señal en la zona se transformó gradualmente en una preocupación que helaba la sangre.
"Pensábamos que era un tema de señal, pero a medida que pasaban los minutos ya era más preocupante", recordó Correa. A las 3:00 de la tarde, las redes del congresista informaron la falta de comunicación, aunque los mensajes de WhatsApp aparecían como recibidos.
Fue entonces cuando una persona solidaria compartió un pantallazo del último punto donde los radares captaron el vuelo. Sin dudarlo, el equipo se dirigió hasta donde la carretera les permitió y luego caminaron dos horas montaña adentro, hasta encontrar la avioneta siniestrada con todos los cuerpos.
Un defensor del pueblo que nunca dejó de serlo
Diógenes Quintero, de apenas 36 años, era mucho más que un político. Era un abogado especialista en derecho administrativo que cursaba una maestría en gerencia para el desarrollo, pero sobre todo, era un hombre del pueblo que nunca olvidó sus raíces.
Su carrera en el servicio público comenzó en 2010 como contratista de la Defensoría del Pueblo. Posteriormente fue personero municipal de Hacarí, municipio del que aspiró a ser alcalde, y defensor regional del Pueblo en Ocaña hasta que llegó a asesorar al defensor nacional Carlos Camargo en 2021.
En 2022 llegó al Congreso como representante por las Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz (Citrep), esas curules que representan la esperanza de que la política puede ser diferente, de que quienes han vivido el conflicto en carne propia pueden ser los artífices de la reconciliación.
El legado de quien soñaba con la paz
El Partido de la U expresó su "profunda consternación ante esta dolorosa pérdida", destacando que Quintero "fue un líder comprometido con su región, con una firme vocación de servicio y un profundo sentido de responsabilidad pública".
Pero fueron las palabras de su Unidad de Trabajo Legislativo las que mejor capturaron la esencia de este hombre: "Diógenes era el hombre más sencillo, el amigo más leal y el mejor político que hemos conocido; era nuestro líder. Se fue luchando por los campesinos, con el sueño de ver al Catatumbo en paz".
No alcanzó a cumplir su primer cuatrienio, pero su legado trasciende los años. En cada campesino que defendió, en cada comunidad que visitó, en cada sueño de paz que alimentó, Diógenes Quintero sembró semillas que continuarán germinando en el corazón del Catatumbo.
Su partida nos recuerda que la construcción de la paz es una tarea frágil, que se sostiene en el compromiso de hombres y mujeres que, como él, decidieron apostar por un país diferente. Hoy, mientras el Catatumbo llora a uno de sus hijos más queridos, su ejemplo nos convoca a continuar el camino que él trazó con tanto amor y dedicación.