La noche del domingo 4 de octubre, el servicio de urgencias de la E.S.E. Norte 3 de Padilla, en el norte del Cauca, pasó de una calma que anticipaba un inicio de semana tranquilo a un caos que volvió a tocar una herida que no termina de sanar. Todo comenzó cuando ingresó al centro asistencial una persona herida por arma de fuego, lo que provocó la llegada masiva de familiares y curiosos. En cuestión de minutos, cuatro profesionales de turno fueron víctimas de insultos y agresiones físicas, y parte de las instalaciones sufrió graves destrozos.
Para muchos habitantes, estos ataques parecen haberse vuelto parte de la rutina. Pero para la Alcaldía, son solo la punta del iceberg de una ola de violencia que asfixia al municipio, hogar de más de 10.600 personas y pieza clave para la industria azucarera de la región.
Un llamado a la unidad y a la protección de lo público
Cristóbal Lasso Belalcázar, secretario de Gobierno de Padilla, expresó el dolor de la administración ante los recientes hechos y pidió a la comunidad no dejarse llevar por la desesperación.
“Queremos expresarle a la comunidad nuestro profundo dolor por los últimos acontecimientos que están afectando a Padilla y a nuestras familias, como es el tema de la violencia. Desde la Secretaría de Gobierno hacemos un llamado a la comunidad para que, en primer lugar, confiemos en Dios para salir de esta situación. En segundo lugar, informamos que las autoridades competentes ya tienen identificados a quienes le están haciendo daño al municipio”, señaló el funcionario.
Lasso también apeló a la unión de los habitantes y al apoyo de la Fuerza Pública, pero con un mensaje claro:
“Los buenos somos más y requerimos el apoyo de los hombres y mujeres del pueblo. Es muy triste cuando llaman a los padres a las 10 u 11 de la noche a decirles: ‘mire a su hijo o a su sobrino…’. Pero resulta aún más lamentable que personas eufóricas vayan y ataquen el hospital local. Eso no puede suceder”.
El secretario insistió en que los bienes públicos son de todos y que el hospital es vital para la comunidad.
“El hospital se necesita todos los días, ya sea para calmar un dolor de muela o para atender un parto. Requerimos el apoyo de ustedes, pero también les hacemos un llamado a las autoridades para que refuercen su presencia con rondas constantes en el centro médico, porque esto no puede continuar”.
Una comunidad arrinconada por la criminalidad
En Padilla, los delitos se han enquistado en la cotidianidad. Desde atracos hasta homicidios, la criminalidad ha arrinconado a un municipio que ya no encuentra respiro. La situación fue tan asfixiante que el 8 de enero de 2026, sus habitantes adelantaron un paro cívico para protestar por los continuos robos y asesinatos, exigiendo a las instituciones acciones contundentes.
Pero el panorama siguió empeorando. En la madrugada del 18 de enero, se reportó una masacre en la vereda El Chamizo. Según las autoridades, hombres armados irrumpieron en varias viviendas y asesinaron a cuatro pobladores, entre ellos un adulto mayor que dormía. De acuerdo con Indepaz, el crimen habría sido cometido por una banda local al servicio de las disidencias de las Farc.
¿Qué está pasando en el norte del Cauca?
La Procuraduría General de la Nación activó acciones preventivas y de acompañamiento institucional, advirtiendo que la zona se encuentra en disputa entre distintas organizaciones al margen de la ley. Según el ente de control, en Padilla operan bandas delincuenciales y pandillas juveniles que buscan apoderarse del territorio, muchas de las cuales terminan aliándose con grupos armados ilegales.
Este fenómeno social, que también golpea al vecino municipio de Puerto Tejada, ha motivado recurrentes consejos de seguridad. Sin embargo, la criminalidad no da tregua: en julio continuaron los homicidios y las extorsiones a comerciantes, y en septiembre se reportó el asesinato del camionero Luis Alfredo Hurtado, sumado a constantes denuncias por robos.
Padilla, ¿la ‘Santa Marta del Cauca’?
Medios locales y distintos sectores han calificado alarmantemente a Padilla como la ‘Santa Marta del Cauca’, no por lo turístico, sino por la reciente situación de zozobra y violencia. Pese a las acciones operativas, la aparición continua de nuevas estructuras delictivas lleva a los habitantes y líderes locales a clamar por la ayuda de la Gobernación del Cauca y el Gobierno Nacional, con el fin de adelantar una intervención integral a gran escala que vaya mucho más allá del uso de las armas.
¿Qué piden los habitantes de Padilla?
La comunidad pide presencia constante de las autoridades, pero también programas sociales, oportunidades para los jóvenes y una intervención que ataque las causas profundas de la violencia. La reconstrucción del tejido social es urgente, y los líderes locales insisten en que la solución no puede ser solo militar.
¿Qué papel juega el Gobierno Nacional?
Los habitantes de Padilla esperan que el Gobierno Nacional, en cabeza del presidente Gustavo Petro, escuche sus clamores y articule una respuesta integral que combine seguridad, justicia social y desarrollo territorial. La paz total, bandera del actual gobierno, debe traducirse en hechos concretos para comunidades como esta, que llevan años soportando la violencia en silencio.
