Los Muñoz en la Aerocivil: el poder de una familia que repartía puestos y contratos millonarios
La Aeronáutica Civil de Colombia maneja un presupuesto de más de dos billones de pesos, un botín que, según denuncias de funcionarios y exfuncionarios, habría sido controlado por la familia Muñoz. En medio de un escándalo que sacude al gobierno de Gustavo Petro, se revela cómo Gabriela Muñoz y su hermano Santiago habrían tejido una red de poder para nombrar, despedir y adjudicar contratos millonarios. Este caso, que recuerda al de Juliana Guerrero, pone en el centro la pregunta por la transparencia en las entidades del Estado.
¿Cómo operaba la red de los Muñoz en la Aerocivil?
Según testimonios recogidos por Semana, Gabriela Muñoz coordinaba nombramientos, despidos y traslados de personal, mientras su hermano Santiago manejaba los contratos de obras millonarias. Una fuente de la entidad relató: “Éramos testigos de cómo Santiago, el hermano de Gabriela, contestaba el teléfono al director. El tema estaba dividido: Gabriela coordinaba nombramientos, despidos, traslados y lo que tuviera que ver con la gente. Su hermano era el de los contratos de obras millonarias”.
Otro funcionario clave en esta historia es Daniel Felipe Suárez Estrada, secretario de Servicios Aeroportuarios, una dependencia con un presupuesto que supera el billón de pesos. Los testimonios indican que Daniel y Gabriela “tenían una relación muy cercana”, lo que les habría permitido crear un círculo de confianza con Santiago para sacar contratos “manipulados”. Entre los procesos mencionados están uno de 78.000 millones de pesos para vigilancia de aeropuertos y otro de 20.000 millones para servicios de cafetería y transporte, que terminaron con más de 400 observaciones y sin concretarse.
¿Qué denunció Angie Rodríguez sobre Gabriela Muñoz?
Fue Angie Rodríguez, ex mano derecha de Gustavo Petro y directora del Fondo de Adaptación, quien puso los reflectores sobre Gabriela Muñoz. Rodríguez, declarada insubsistente por el gobierno este sábado, afirmó: “No solamente es Juliana Guerrero, es, por ejemplo, una señora que se llama Gabriela, que ella en su momento manejó a su antojo la Aeronáutica Civil. Y perdónenme, ella se llama Gabriela Muñoz (…) Es el mismo modus operandi”.
Rodríguez comparó el caso con el de Juliana Guerrero, quien también habría usado aeronaves del Estado para su transporte. Guerrero, auxiliar nivel 1, está siendo investigada por presuntas irregularidades.
¿Cómo respondió Gabriela Muñoz a las acusaciones?
Gabriela Muñoz respondió a las denuncias en redes sociales con un mensaje contundente: “Qué miedo les produce una mujer joven que piensa, estudia, trabaja y alza su voz. No pudieron desmentir mis argumentos, así que decidieron intentar destruir mi nombre”. En un documento, aseguró: “No nombré, no contraté, no pedí vinculaciones y no tomé decisiones directivas en la Aerocivil”.
Sin embargo, los testimonios de funcionarios que pidieron guardar su identidad por temor a represalias pintan un cuadro diferente. Según ellos, “Santiago entraba a las reuniones a gritar. Él le alzó la mano a Martínez Chimenty e incluso una vez le pegó un calvazo en una reunión directiva”. Los trabajadores señalaron a Santiago y a David Suárez como “la nueva sombra del poder” en la entidad.
¿Qué significa este escándalo para la transparencia en el Estado?
Este caso, que involucra a una familia con acceso directo a la cúpula de la Aerocivil, refleja las tensiones entre el discurso de transparencia del gobierno Petro y las prácticas clientelistas que persisten en el Estado. Para comunidades y movimientos sociales que han luchado por una administración pública limpia, estas denuncias son un llamado de atención. La pregunta que queda es: ¿cómo garantizar que los recursos públicos, que deberían servir para conectar y proteger a las comunidades, no terminen en manos de unos pocos?
El gobierno Petro, que ha prometido una “paz total” y una transformación profunda del Estado, enfrenta el desafío de demostrar que puede combatir estas prácticas desde adentro. Mientras tanto, la ciudadanía y los medios siguen vigilantes.