James y Antonella: una lección de unidad que Colombia necesita
Los dos eligieron, en medio del ruido de las redes, ser mejores que la historia que el algoritmo quiso imponerles. Es una lección que vale la pena escuchar.
En el documental sobre James Rodríguez hay un momento que conmueve. El 10 de la Selección confiesa que durante su paso por la liga de Qatar vivió el momento más difícil de su carrera. Llegó a pensar, seriamente, en retirarse. Había perdido la motivación que lo convirtió en una de las grandes figuras del deporte colombiano. Tocó fondo, a sus 30 años.
Y entonces apareció Néstor Lorenzo como nuevo técnico de la tricolor, en 2022. Lo primero que hizo fue tomar un avión para preguntarle al capitán de la selección si podía contar con él. James, que había perdido la pasión, que tenía razones de sobra para colgar los guayos, dijo que sí. Pudo haber dicho que no. Tenía la coartada perfecta: los años, el cansancio medido en decepciones acumuladas, la certeza de haber probado todo lo que el fútbol puede ofrecer. Pero cuando Lorenzo le pidió que liderara al equipo, James no calculó su imagen ni protegió su tranquilidad. Eligió a Colombia.
Esa historia también ayuda a entender por qué James parecía no encajar en ninguno de los clubes que frecuentó buscando llegar en forma a la Selección. Sin embargo, en la Copa América de 2024 terminó ofreciendo una de las mejores actuaciones de su carrera. Fue elegido el mejor jugador del torneo y puso a Colombia a un golpe de suerte de conquistar el título frente a potencias como Argentina, Brasil y Uruguay.
A veces, las historias que dicen algo importante sobre un país comienzan con decisiones pequeñas. La de James fue aceptar una responsabilidad cuando podía apartarse. La de Antonella Petro, esta semana, fue responder con serenidad cuando las redes sociales ya habían decidido convertir un malentendido en una batalla.
Un segundo que encendió las redes
Nos referimos al episodio entre Antonella Petro, la hija del presidente, y James Rodríguez en la ceremonia de entrega del pabellón nacional. Cuando los jugadores desfilaban uno a uno para saludar al mandatario, antes de partir para el Mundial, Antonella aprovechó para pedirle una fotografía al ídolo. Él, como sin darse cuenta, siguió el protocolo sin detenerse.
Eso fue todo. Un segundo. Un gesto en tres segundos de video. Y la indignación digital hizo el resto. Lo que era un momento menor se convirtió en una tormenta inesperada en ese universo paralelo que son las redes sociales. Hasta llegar al extremo absurdo de que James y su familia recibieron amenazas. El periodista César Augusto Londoño aclaró que el video estaba descontextualizado: James sí le había dado la mano a Antonella, simplemente no la escuchó. La Federación Colombiana de Fútbol tuvo que pronunciarse y rechazar cualquier manifestación de agresión contra el jugador.
El algoritmo no perdona: toma tres segundos, premia la rabia, amplifica la división y organiza el linchamiento.
La respuesta que apagó el incendio
Entonces habló Antonella. La joven de 17 años publicó un video para James en tono conciliador.
Eres mi héroe, somos un solo país, le dijo. Recordó que también juega fútbol, que es zurda como él, y le confesó que había sido inspiración para ella. Le pidió a toda Colombia apoyar a la Selección, que cuando vuelvan del Mundial los estará esperando con los brazos abiertos y que ojalá ahí sí le pueda tomar la foto. James le respondió:
Esa foto va, le dio las gracias por el aliento y, como postdata, sugirió que no la había oído en la ceremonia:
la próxima vez me hablas más fuerte.
Y así, la joven a la que el algoritmo había convertido en blanco de la indignación fue la misma que desactivó el incendio. No deja de ser significativo que en un país donde la polarización suele alimentarse desde múltiples trincheras, haya sido precisamente una joven quien optara por un mensaje de moderación y unidad.
Son gestos pequeños pero poderosos. El sí de James cuando podía decir no. El video de Antonella para conciliar cuando podía guardar silencio. La respuesta de James cuando podía ignorarla. Los dos eligieron, en medio del ruido, ser mejores que la historia que el algoritmo trató de imponerles.
Construir puentes en lugar de trincheras
Esta lección debería resonar en todos los espacios de la vida nacional. En un país que avanza en la implementación de los acuerdos de paz, que busca cerrar brechas territoriales históricas y construir una sociedad más incluyente, el diálogo no puede ser un lujo, sino una herramienta cotidiana.
Las redes sociales, con su lógica de la polarización, nos empujan constantemente hacia la trinchera. Nos invitan a ver al otro como enemigo, a convertir cada diferencia en guerra y cada malentendido en linchamiento. Pero hay otra forma. Antonella y James nos la mostraron: escuchar, tender puentes, reconocer al otro.
Es una lección que la política colombiana, en todos sus espectros, haría bien en escuchar. También quienes desde el gobierno, con la mejor intención de transformar el país, a veces olvidan que la palabra puede construir o destruir. Que el lenguaje de la reconciliación es más poderoso que el de la confrontación. Y que para tejer el país que soñamos, necesitamos más gestos como los de estos dos jóvenes y menos fuegos artificiales en las redes.
Ojalá, para el Mundial que comienza este jueves 11 de junio y para la Colombia que vota el domingo 21 de junio, estos ejemplos nos sirvan de algo.
Saber que los campeonatos no los ganan solo los superatletas. Se necesita una gran dosis de amor por la camiseta y hambre de triunfo para lograrlo. Y saber también que Colombia, para convivir en democracia, tendrá que aprender a no convertir cada diferencia en una guerra y cada malentendido en un linchamiento.
James y Antonella, por unos segundos, dieron cuenta de ello.