Con 81 años y casi seis décadas dedicadas a pensar la ciudad desde lo humano, el arquitecto y politólogo bogotano Carlos Roberto Pombo Urdaneta recibió el Premio Gonzalo Jiménez de Quesada en su edición número 88. El galardón, entregado por la Sociedad de Mejoras y Ornato, reconoce una trayectoria que ha puesto el urbanismo al servicio de la comunidad, la memoria y la equidad territorial.
La ceremonia se realizó en el Museo El Chicó, sede de esta organización cívica que desde hace más de un siglo trabaja por el bienestar de la capital. Pombo recibió un diploma y una medalla con la efigie del fundador de Bogotá, un símbolo de su vínculo profundo con la historia y el futuro de la ciudad.
Una vida dedicada a la planeación urbana sostenible
Pombo Urdaneta es reconocido como urbanólogo, un término que refleja su enfoque integral: no solo ha diseñado edificios, sino que ha pensado el territorio como un tejido social. Su trabajo ha estado marcado por la defensa de la Sabana de Bogotá, la protección del patrimonio y un ordenamiento territorial que pone el agua en el centro de las decisiones.
En 1970 fue jefe de la División de Investigaciones en el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC). Cuatro años después dirigió el Departamento Administrativo de Planeación Distrital y en 1976 asumió como secretario de Obras Públicas de Cundinamarca. En 2019 presidió el Consejo Territorial de Planeación Distrital (CTPD), donde lideró la revisión de conceptos clave para el Plan de Ordenamiento Territorial (POT).
Innovación arquitectónica con conciencia social
En el plano arquitectónico, Pombo implementó la retícula geométrica de triángulos equiláteros, una técnica que ofrece ventajas antisísmicas y mayor eficiencia espacial. Esta innovación se aplicó en edificios como San Cristóbal, San Isidro, Terrazas de Santa Ana y Santa Paula, así como en la sede de la Conferencia Episcopal y el convento de las Madres Concepcionistas Franciscanas.
Pero su legado más profundo quizá sea su apuesta por la inclusión. En 1975 participó en la creación de la primera Casa del pueblo en el barrio Meissen, un antecedente directo de los actuales modelos de atención comunitaria como las Manzanas del cuidado. Su obra académica incluye títulos como Génesis de la democracia local en Colombia y la planeación participativa y Bogotá asediada siglo XIX.
Civilidad: el eje de una ciudad más amable
Desde 2014, Pombo preside la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá, desde donde ha impulsado el programa Construyendo Civilidad, la plataforma DATACIVILIDAD y la colección editorial Construyendo civilidad. Para él, la civilidad no es un concepto abstracto: es un sentimiento profundo que impulsa la convivencia armónica, la construcción de consensos y los vínculos duraderos en una sociedad diversa.
Durante la premiación, Pombo invitó a los ciudadanos a trabajar por una ciudad más solidaria y participativa. Sus palabras resonaron como un llamado a reconstruir el tejido social, un propósito que la Sociedad de Mejoras y Ornato ha hecho propio desde 2016.
Preguntas frecuentes sobre Carlos Roberto Pombo Urdaneta y su legado
¿Por qué recibió Carlos Roberto Pombo Urdaneta el Premio Gonzalo Jiménez de Quesada?
Recibió el galardón por su aporte al conocimiento, la planeación y el mejoramiento de Bogotá, así como por su labor en entidades clave y proyectos de innovación urbana y social. La Sociedad de Mejoras y Ornato destacó su compromiso con la construcción de ciudadanía y civilidad durante casi seis décadas.
¿Qué es la civilidad según Pombo Urdaneta?
La civilidad es un sentimiento profundo que impulsa la convivencia armónica, la construcción de consensos y la creación de vínculos duraderos en una sociedad diversa. Desde 2016, es el eje central de la Sociedad de Mejoras y Ornato, que promueve el respeto, la solidaridad y la participación ciudadana.
¿Cuál es el legado más importante de Pombo Urdaneta en el urbanismo?
Su legado combina la innovación técnica, como la retícula antisísmica de triángulos equiláteros, con una visión social pionera. Su participación en la primera Casa del pueblo en 1975 abrió el camino a los modelos actuales de atención comunitaria en Bogotá.
