Canticuentos Filarmónico: Cuando la música infantil se vuelve patrimonio cultural
En un país donde la cultura popular a menudo lucha por encontrar espacios de reconocimiento, la transformación de Canticuentos en una experiencia sinfónica representa mucho más que una simple adaptación musical. Es el reconocimiento de que las melodías que han acompañado la infancia de millones de colombianos durante cinco décadas merecen el mismo respeto que cualquier obra clásica.
La alianza entre Codiscos, Filarmed y Musicreando para crear Canticuentos Filarmónico no es solo una estrategia comercial, sino un acto de justicia cultural que eleva al mismo nivel académico las canciones que nacieron del amor de una compositora chilena por la diversidad natural de Colombia.
Una historia de encuentros casuales y amor genuino
Marlore Anwandter llegó a Colombia en 1973 casi por casualidad, cuando su esposo Bryan Johnson recibió una oferta laboral que los trasladó desde Chile hasta Bogotá. Lo que comenzó como una decisión profesional se convirtió en una historia de amor con los paisajes colombianos que perdura hasta hoy.
"Ver cómo estas canciones, inspiradas por mi amor por Colombia, se transformaron en este formato tan majestuoso fue increíble. Canticuentos sigue siendo un puente que une generaciones", reflexiona Anwandter, cuyas palabras resuenan con la misma ternura que caracteriza sus composiciones.
Los fines de semana familiares recorriendo diferentes regiones del país se convirtieron en el laboratorio creativo donde nacieron las primeras 20 canciones. En la cocina de su casa en Bogotá, Marlore musicalizó estas historias y creó un coro improvisado con sus tres hijos y los hermanos Felipe y Guillermo Rico Grillo, sus vecinos.
Desde una cocina en Missouri hasta el corazón de Colombia
Cuando la familia tuvo que mudarse a Estados Unidos, fue en la cocina de su casa en San Louis, Missouri, donde se grabaron por primera vez estas canciones que marcarían generaciones. El casete enviado a Codiscos junto con las partituras e ilustraciones de los animales protagonistas se convirtió en septiembre de 1975 en el disco de música infantil más vendido de Colombia.
Fernando López, vicepresidente de Codiscos, explica la importancia de esta nueva producción: "Después de 50 años nunca habíamos hecho una producción de esta magnitud. Esto lo hicimos con el fin de llegarle a los papás, a los abuelos, a las mamás, a todas las personas que crecieron cantando los canticuentos, pero con un sonido renovado".
La democratización de la música sinfónica
El proyecto Canticuentos Filarmónico, presentado por primera vez en el Teatro Universidad de Medellín en 2024 con más de 50 músicos en escena, representa una apuesta por la democratización cultural. María Catalina Prieto, directora ejecutiva de Filarmed, destaca que esta iniciativa busca que "todas las familias vuelvan a escuchar esta música y que, además de todo, puedan saber lo que es una orquesta y puedan disfrutar no solo con los oídos, sino con la piel".
La selección incluye temas emblemáticos como "El Pirata Feroz", "El Ratón Japonés", "El Gato Martínez", "Sammy El Heladero", "La Iguana y El Perezoso", "El Negro Cirilo", "La Gallina Clota y La Gallina Cleta", entre otros que han formado parte del imaginario colectivo colombiano.
Pedagogía y acceso cultural
Sebastián Sierra de Musicreando resalta el componente pedagógico de estas canciones: "Tienen repeticiones, acciones con los dedos, las palmas, invitaciones al público para participar. Algunas canciones tienen fragmentos de obras clásicas, para que los niños y las niñas puedan disfrutar, pero además aprender".
Esta dimensión educativa refuerza la idea de que el acceso a la cultura no debe ser un privilegio de clase, sino un derecho fundamental. Canticuentos Filarmónico demuestra que es posible crear puentes entre la música popular y la académica sin perder la esencia de ninguna.
Como afirma Prieto: "Creo que no hay un solo colombiano que no haya crecido sin los Canticuentos, y es importante recordar la historia, saber de dónde venimos para poder construir hacia dónde vamos". En tiempos donde la construcción de paz requiere fortalecer el tejido social, iniciativas como esta nos recuerdan que la cultura compartida es uno de los cimientos más sólidos para una sociedad más justa e inclusiva.